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  • Johana Williams

Bisteces a la mexicana y softball universitario

Updated: Apr 25



Cuando estaba en la universidad, fui shortstop del equipo de softball de mi universidad.

Al crecer, me encantaba ver béisbol que es el deporte nacional de Venezuela, mi país de origen. Solía verlo en televisión y asistía a juegos de ligas menores. Mi papá fue jugador profesional en Venezuela durante varios años. ¡Él es un grandioso primera base!

Naturalmente, mi padre quería que sus hijos fueran grandes jugadores de béisbol como el. Mi hermano mayor, José, optó por jugar baloncesto, y durante unos años compitió en levantamiento de pesas de estilo olímpico (¡Mi hermano es fuerte y muy alto!). Así que mi padre solía llevar a mi otro hermano mayor, Julio, a entrenar en los campos de béisbol. Yo me les pegaba... Supongo que me dejaban solo porque necesitaban a alguien para recoger todas las bolas que mi hermano bateaba mientras practicaba su swing. Jaja.

Recuerdo escuchar las instrucciones que mi padre le daba, a veces celebrando los logros de Julio, otras veces corrigiendo su técnica, y otras veces simplemente presionándolo para que mejorara. Una cosa era segura: Ambos sabían béisbol.

Cuando tenía unos 13 años, nos mudamos de Venezuela a México. Y aunque el béisbol es muy popular en ciertos estados (como Tabasco y Veracruz), no es muy popular en la Ciudad de México. En cuanto a béisbol, mi hermano tenía una ventaja sobre otros en el área, así que empezó a jugar para su universidad.

Cuando ingresé a la universidad en la Ciudad de México, me sentí atraída a los campos de béisbol. Un día, mientras caminaba por el campus, levanté la vista y vi a un hombre delgado y rubio en el campo entrenando a algunas chicas. Juan Acuña o Juanito, como lo llamamos cariñosamente, era el coach de béisbol y softball. Fui y le hablé y él me invitó a unirme a las chicas en sus entrenamientos.

Después de mi primer día de entrenamiento con ellas, Juanito me preguntó: "¿Jugaste en la liga Olmeca?" La Liga Olmeca era la principal academia de softball en la Ciudad de México.

"No, nunca he jugado en una liga de softball", respondí.


Confundido, me preguntó: "Entonces, ¿Quién te enseñó a jugar?"


Fue en ese momento cuando me di cuenta que nunca nadie me había enseñado intencionalmente a jugar softball. Me enseñaron de “segunda mano” (Sin querer queriendo jeje). Observé durante años, y repetí lo mejor que pude todo lo que escuché de mi padre mientras entrenaba a mi hermano, lo que había visto en televisión y lo que había visto a mi padre hacer mientras jugaba.

"Solía ​​recoger las pelotas mientras mi hermano y papá estaban practicando en el campo. Simplemente me gusta el béisbol", le respondí, y después de una larga pausa añadí: "Así que supongo que mi papá me enseñó".

Después de ese día, me pidió que me uniera al equipo y el equipo se convirtió en una gran parte de mí.

Juanito no solo fue mi entrenador de softball, ​​se convirtió en mi amigo y uno de los mentores de mi vida. Estoy muy agradecida por ese hermoso tiempo, la disciplina y la mentalidad de perseverancia que me formaron y se convirtieron en parte de mi ser.

El equipo de softball se convirtió en algo muy especial para mí. Incluso le pedí a otras amigas que asistieran a entrenamientos, y algunas eventualmente se unieron al equipo también. Una de esas amigas es Marcela. (¡En verdad, ella era nuestra mejor bateadora! Nuestro cuarto bate ¡Ella siempre decía que disfrutaba pegar jonrones para no tener que correr!)

No importa lo que pase en el mundo, la singularidad, honestidad y vulnerabilidad de Marcela garantiza que puedo contar con su amistad, ¡Así como ella puede contar con la mía!

Sabía que tenía una conexión especial con Marcela tan pronto como nos conocimos. Ella es del estado de Veracruz, una región que se asemeja mucho a la cultura venezolana. La gente es generalmente escandalosa, fiesteros, alegres, tienen una comida increíble y son muy directos, ¡Como mi gente!

Tomamos muchas clases juntas y entrenábamos todos los días. A menudo ella me contaba de su familia en Veracruz. Ella me contó muchas historias sobre su abuela Dulcinea y la sabiduría de vida que tenía. Era una mujer muy singular, llena de perspicacia, esa que solo se obtiene por caminar por muchos años en este planeta. Se despertaba todas las mañanas y preparaba café, agregando los ingredientes para el café de olla (café mexicano). Luego preparaba el desayuno para la familia y los invitados (principalmente durante los fines de semana), ¡Porque siempre hay invitados en su pueblo!

Los invitados llegaban a su casa (los hombres entraban quitándose los sombreros y las mujeres doblando sus paraguas), siendo recibidos siempre por los aromas procedentes de la cocina. Café de olla recién hecho, plátanos fritos (tajadas), frijoles negros (caraotas) y queso fresco, y si era después de las 10 a.m., los recibía el delicioso aroma de platillos típicos para el almuerzo como Bisteces a la Mexicana, servido con arroz blanco, frijoles de la olla (frijoles negros) y tortillas hechas a mano.

Bisteces a la Mexicana es el plato favorito de Marcela, fue uno de los platos que Mamá Dulcinea aprendió de su madre, y ha sido transmitido de generación en generación. ¡Mamá Dulcinea realmente dominó la preparación de ese platillo tan bien que incluso un gobernador al probarlo se hizo fan de sus bisteces a la mexicana!

El asunto es, que Mama Dulcinea no creía que sabía cocinar bien. En su casa, cuando ella era niña, solo había arroz y frijoles, así que ella solo cocinaba cosas “simples”. Pero dominó esas cosas simples y les dió un toque auténtico de sí misma, les puso su sello, tal y como cuando se aprende por observación e instinto, haciendo lo mejor que podía con lo que tenía.

Así que les comparto a todos ustedes la receta de Bisteces a la Mexicana de Mama Dulcinea.

Por cursi que se oiga, honestamente creo que el ingrediente secreto de esta receta es amor. Esta preciosa receta está llena de historia y su preparación me permitió recordar todos esos hermosos momentos con mi amiga Marce, sus historias y cuánto aprecio nuestra amistad. ¡Y estoy agradecida de que ahora también cuento con un pedazo de la cocina de Mama Dulcinea en mi vida!

Los bisteces a la mexicana de Mama Dulcinea (Bisteces a la Mexicana)


INGREDIENTES:

1 Kg de carne de res (Aprox. 2 Lb - Chuck steak deshuesado, filete redondo) *

1 Cebolla mediana, en rodajas

1/2 Kg de tomates picados (Aprox. 1 Lb)

10 Ramitas de cilantro

3 Chiles jalapeños, en rodajas a lo largo, sin semillas **

1 Diente de ajo, finamente picado (picado)

Sal al gusto

Pimienta al gusto

3 Ctda de aceite vegetal

* Dependiendo de en donde te encuentras y tu presupuesto, puedes elegir un corte económico como paleta, filete de ternera, filete de paleta o filete redondo. O pide el consejo de tu carnicero sobre un corte económico que se cueza bien estofado.

** Solo un jalapeño si no quieres que esté demasiado picante. Si solo deseas el sabor de los chile (pimiento) sin el picante, extrae cuidadosamente las semillas y no las agregues a la olla.

Si quieres que el plato sea más picante deja todas las semillas de los chiles.


INSTRUCCIONES:

Si tu trozo de carne no está cortada:

Enjuaga el trozo y seca la carne con una toalla de papel. Colócala en una tabla de cortar, y corte con cuidado no más de ¼ de pulgada (medio centímetro) de grosor, no tienen que ser perfecto, pero intenta lo mas que puedas.

Coloca las rebanadas entre dos piezas de plástico adherente de cocina, y usa un mazo de carne para golpearla poco a poco y delgazarla más. No golpees demasiado fuerte, ¡No quieres hacer puré la carne! Solo lo suficiente para igualar el grosor de las rodajas de carne.

1. En un sartén grande o una olla mediana, prende la estufa a fuego medio y agrega el aceite. Espera a que suba el calor. Agrega el ajo y fríe hasta que esté dorado. Agrega la cebolla en rodajas y la carne.

2. Agrega mucha sal y pimienta y cubre, dejándolo hervir a fuego medio-bajo con la tapa puesta, para que la carne suelte todo su jugo y se sazone con los demás ingredientes.

3. Una vez que la carne esté cocida (no permitas que los filetes se sequen o se doren demasiado, deben permanecer húmedos), agrega el jitomate.

4. Deja que el jitomate se sazone en los jugos. El punto perfecto es cuando observas un cambio de color y textura en el jitomate.

5. Agrega jalapeño y cilantro. Prueba y ajusta la sal o la pimienta si es necesario.

6. Deja hervir a fuego lento con la tapa puesta durante unos 5 minutos, hasta que los chiles estén suaves y el cilantro esté cocido.

7. Prueba nuevamente y ajusta la sal / pimienta si es necesario. ¡Sirve caliente con arroz blanco, frijoles negros y, si es posible, tortillas de maíz hechas a mano!

¡Buen provecho!

Notas:

Es muy importante mantener la tapa en la olla a menos que agregues ingredientes / condimentos. Esto mantiene la humedad y evita que la carne se seque y se endurezca.

Una vez que los tomates se hayan cocido a fuego lento, si se ve demasiado seco, agrega hasta 1 taza de agua. No agregues más que eso, de lo contrario comenzará a perder sabor.

El verdadero truco de este plato es poner la cantidad perfecta de pimienta. No tengas miedo: agrega un poco más de lo habitual. La pimienta hace la diferencia en esta receta, enriquece el sabor.

Como se mencioné anteriormente, si no quieres que esté demasiado picante, solo agrega 1 Jalapeño.


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